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by Manuel Aviles Perez - Friday, 16 October 2020, 1:02 PM
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Capacidad emprendedora


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    Anyone in the world

    El emprendimiento más grande que existe

    Por Carlos Nava Condarco.- 

    El emprendimiento más grande que toda persona debe acometer en su vida es el desarrollo de la mejor versión de sí mismo. No existe propósito más trascendente ni afán que pueda pagar mejor. Al amparo de este título se puede construir la historia de vida que se desee, y esta será, en todo caso, extraordinaria.

    Es curioso, pero hacer referencia a la “mejor versión” que los seres humanos pueden alcanzar  de sí mismos, no es usual ni se considera un asunto importante. Mucho menos el objetivo principal que las personas debieran tener en sus vidas. Hay quienes consideran que este objetivo es solo un acto de fe o un simbolismo, una manera de ponerle a la gente una zanahoria en la frente y tenerla dominada por causa de su frustración.

    Nada de esto es sostenible. Son solo los argumentos de la amargura que gobierna los corazones en el mundo. La lógica de la “mejor versión” de cada persona es un canto a la naturaleza humana y su evidente capacidad.

    Que cada quién alcance su “mejor versión” tendría que ser el propósito de vida natural de las personas. El motivo para procesar y justificar las experiencias que emergen de su existencia. El emprendimiento más grande que se planteen. De éste tamaño es el asunto. Y lo es, además, por algo lógico: en tanto los seres humanos alcanzan su mejor estado, mayores son sus logros y más grande su satisfacción.

    Todo lo que anhela, desea o pretende una persona de juicio equilibrado, puede alcanzarlo mejor y más rápido en tanto trabaje sus potencialidades. En la medida que su rendimiento se acerque más a la “capacidad instalada” que tiene.

    Ahora bien, acá surge un elemento importante: ¿cuál es la “capacidad instalada” de cada persona, cuál es su “mejor versión”? Porque en tanto esto no es abordado, muchos pueden suponer que están operando en la vida de acuerdo a su potencial, o cerca de éste.

    La respuesta es simple y conmovedora: no existen límites para el potencial de los seres humanos. No hay restricciones para la edificación de la “mejor versión” de las personas. Es un territorio que no tiene fronteras, un horizonte que nunca se alcanza. Por eso es el emprendimiento más grande que se puede abordar.

    Póngase a pensar: ¿cuál es el límite del amor que puede profesar una persona, cuál el tamaño de la generosidad que le es posible demostrar a los demás? O por otra parte, ¿qué tanto conocimiento le es posible acumular, procesar, aplicar?, ¿cuántas experiencias le está permitido aprovechar?

    No hay formatos para la “mejor versión” que cada uno puede (y debe) ser de sí mismo. Por lo menos no existen restricciones que se acerquen a la imposibilidad. Los potenciales humanos son infinitos.

    ¿Qué impide entonces llegar a la grandeza? Sencillo: la “pequeñez” es lo que impide alcanzar la grandeza. Son las personas las que limitan la realización de sus potenciales. Se ven pequeñas, piensan con limitaciones, aspiran con restricciones, desean con moderación, son cautos en sus expectativas y conservadoras respecto a sus ambiciones. Interpretan que el universo que los rodea tiene límites y automáticamente se limitan.

    Analícese este ejemplo. Las personas son como un auto deportivo de 5000 caballos de fuerza. Pero si el automóvil solo puede moverse en una cancha de baloncesto, ¿qué capacidad efectiva tiene?

    No se equivocará quién responda que el auto tiene capacidad de transitar “con tranquilidad” la cancha que le ha tocado, y tampoco estará errado quién diga que es una máquina que puede devorar carreteras y autopistas a 200 km/h. Ambos están esencialmente en lo correcto, pues abordan un mismo hecho desde diferentes perspectivas.

    Lo que sí es una realidad objetiva (en el ejemplo), es que hay un carro deportivo de 5000 caballos de fuerza. El uso que se le dé es otra cosa.

    Lo mismo sucede con los potenciales humanos. Si la visión de vida se reduce a las proporciones de una cancha de baloncesto (para continuar con la analogía), el rendimiento se acomodará a ello. Si la visión se proyecta hacia avenidas anchas y despejadas, la “maquina” estará disponible y preparada.

    Por esto la construcción de la mejor versión de uno mismo es el emprendimiento más grande que hay, porque la dimensión de lo que se puede ser y alcanzar en la vida depende de la visión y las acciones que cada quién defina para su destino.

    Emprender es un verbo, involucra movimiento y acción. El emprendimiento, por otra parte, es un sistema ordenado de acciones que define orientaciones, objetivos y gestión. Ambos elementos están consustanciados con el desarrollo personal.

    Cuando alguien se plantea alcanzar su “mejor versión” y hace de éste un emprendimiento personal, vuelca en el trabajo todo el ímpetu y el orden que se aplica para desarrollar una idea, formar un negocio o manejar un proyecto. Define objetivos, tareas, tiempo. Evalúa resultados, procesa contrariedades, pugna con los adversarios que tiene (especialmente los del interior) y vence desafíos.

    La “mejor versión” es una cima que debe conquistarse, una montaña que se tiene que escalar. El potencial para vencer el desafío es un regalo que la Providencia entrega desde la cuna, pero el trabajo que demanda el ascenso es una responsabilidad personal.

    Ahora bien, el potencial de los seres humanos o su “mejor versión”, no tienen nada que ver con los parámetros de evaluación que los convencionalismos sociales o los preceptos políticos establecen. Esta no es una competencia por billetes, estatus o reconocimiento banal. No tiene nada que ver con la riqueza o la pobreza que reconocen las estadísticas. Y tampoco es un asunto de “oportunidades”.

    No tiene mayor oportunidad de alcanzar su “mejor versión” quién nació en cuna de plata en relación al que lo hizo en cuna de cartón. Tampoco el que ha nacido en Chicago comparado al que nació en una aldea de la sabana africana.

    La “mejor versión” es absolutamente personal, y los referentes de evaluación son internos. Es una competencia en los dominios de la subjetividad, el mundo que en definitiva condiciona la objetividad que se puede asumir de las cosas. Si Warren Buffett es la mejor versión de sí mismo solo lo sabe él, de igual forma el joven africano que no conoce, ni remotamente, donde queda Chicago.

    Probablemente alcanzó su “mejor versión” Alejandro Magno en lo que hizo, pero también la Madre Teresa. Y se dice “probablemente” porque en definitiva solo cada persona puede evaluase en este sentido. Hay logros que pueden considerarse “objetivos”, como en el caso de estas figuras históricas, pero queda por ver si ellos se sintieron más o menos cerca de sus mejores versiones.

    Para el emprendimiento más grande que existe “el cielo es el límite”. Y en este caso la alegoría aplica bien, porque efectivamente no hay restricciones para el desarrollo de las cualidades humanas. Alejandro Magno pudo haber cambiado la historia del mundo, pero posiblemente haya pensado que se quedó corto en su versión de padre, de amigo, compañero, pensador, etc. Eso solo lo sabría él. Y lo mismo aplica, en otro contexto, para la Madre Teresa y todos los seres humanos.

    Posiblemente es más sabio afirmar que la “mejor versión” en definitiva nunca se alcanza. Y eso es maravilloso, porque le proporciona esperanzas a la especie como nada más puede hacerlo. Siempre se puede amar más, dar más, ser más generoso, alcanzar nuevas metas, acumular más logros.

    Por esto el tema aplica bien con la lógica del emprendimiento, porque como cualquiera de ellos convoca la activación de los sueños y el sentido de trascendencia.

    Un apunte final. Todos los que establezcan el propósito de trabajar consciente y disciplinadamente en el emprendimiento más grande que existe tienen asegurado cualquier logro menor. No serán ajenas satisfacciones financieras, intelectuales, la felicidad y el sentido amplio de realización. Todo esto es una consecuencia, un agregado, un fruto del árbol mayor. Mejores personas siempre generan mejores resultados.

    Fuente: https://www.emprendices.co/el-emprendimiento-mas-grande-que-existe/


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      Cómo enfrentar el momento de mayor Desesperación.

      Por Carlos Nava Condarco.

      Todos hemos pasado momentos de enorme desesperación, situaciones que nos han colocado al límite de toda resistencia y comprensión. Circunstancias ante las cuales el abandono total y la completa resignación se evalúan como precioso bálsamo curativo.

      Periodos de tiempo diminuto pero de pavorosa extensión para los sentidos, un cansancio extraordinario que pide reposo y paz a cualquier precio. Así son los momentos de mayor desesperación en la Vida, y nadie está exento de tenerlos al frente. Estas son las situaciones que definen la Calidad del carácter de las personas, su tamaño, la madera de la que están hechos.

      ¡Los momentos de verdad!, aquellos en los que el hombre se enfrenta en completa soledad a sí mismo, cuando solo se presentan dos puertas de salida, una adelante, que da la impresión de estar muy, muy lejos: un punto pequeño de luz en el horizonte, casi inalcanzable, y otra puerta atrás, más cercana, amplia, carente de luz pero de tentador cobijo. A derecha e izquierda nada, ninguna opción.

      La puerta lejana en ése horizonte mental que gobierna cada acto de ésos aciagos momentos es la salida victoriosa de la situación, la puerta de atrás es la salida amable, serena y bondadosa que plantea la derrota final, el abandono definitivo y total.

      ¿Puede ser la derrota amable, serena, bondadosa y reconfortante? ¡Por supuesto que sí!, lo es al menos en esos momentos cruciales, porque representa algo muy caro para el espíritu humano: significa Paz. Llegamos a ÉSE momento tan cansados y abatidos que poco significan el contento, la alegría, la felicidad, el amor, lo único que clama el espíritu es Paz, y ella se encuentra cerca, a la distancia exacta del abandono definitivo, del reconocimiento honesto y liberador de la derrota.

      Pocas cosas, en realidad “poquísimas”, pueden evitar que levantemos totalmente los brazos y gritemos la rendición a pulmón pleno en los momentos de mayor desesperación. Casi nada tiene ése Poder.

      ¿Perseverar?: ya lo hicimos. Trabajamos con ahínco y con toda la inteligencia a la que pudimos acudir.
      ¿Amor propio?: hasta acá nos trajo.
      ¿Nuestro amor por los demás, por todo aquello que nos es preciado?: sólo aumenta el sentimiento de culpa y el arrepentimiento.
      ¿Grandes citas, elocuentes frases, ejemplos enormes de los demás?: sacuden el razonamiento pero no pueden llegar al núcleo profundo donde las emociones se encuentran en ebullición.

      Todo fue puesto a prueba, todo se puso en práctica, cada gramo de fe y de esfuerzo quedó en el ruedo. Ahora la Desesperación comanda todo.

      En esta situación dramática, existen dos razonamientos y dos emociones que son probablemente las últimas a las que podemos acudir para evitar la derrota definitiva. Los razonamientos deben emerger del último rincón que nuestro cerebro aún tiene dispuesto, las emociones de la superficie del alma castigada por las desventuras.

      Primer Razonamiento.

      Tomar la opción del abandono definitivo elimina por completo la posibilidad, aunque sea remota, que algo finalmente cambie en sentido favorable, llámese ése algo los “centímetros” que faltaban para llegar a mejor puerto, llámese azar, fortuna o por último milagro. Si algo favorable tenía que suceder luego de tanto infortunio, el abandono definitivo anula ésa posibilidad.

      Segundo Razonamiento.

      Por pura y simple estadística, es un hecho que la Vida da dosis de “cal y arena” siempre. En ningún caso sólo castiga u otorga desventuras, mucho menos a quién tiene las velas levantadas esperando por lo menos una brisa suave que lo mueva en la dirección deseada.

      ¡Así como no todo es siempre bueno, no todo es malo siempre! La relatividad existe, el absoluto no. ¡Estadísticamente las cosas no pueden ser desfavorables siempre! Punto. Esto no lo dice usted o yo, esto lo grita la Vida desde el momento que ha sido concebida.

      Primera Emoción.

      ¡Mate la Esperanza!, ignore todo cabo del que piense que aún se puede sostener. Saque la carga que tiene en la espalda, olvide todo tipo de consideración de causa y efecto. Deje de pensar en consecuencias. El día de mañana no existe. Las buenas noticias “no llegarán”. Disfrute plenamente de cada cosa que le está sucediendo, de la escasez, de la vergüenza, del abandono, de la soledad, de la lástima. Internalícelas.

      No detenga nada (diré casi nada, porque una cosa si hay que detener), alcance levedad, logre edificar un estado “blando”, flexible que sustituya cualquier tipo de rigidez. Los cuerpos blandos y flexibles son muy difíciles de quebrar, no se rompen con facilidad, y ése estado se puede adquirir: sólo abandone la esperanza, al menos hágalo desde su inteligencia emocional.

      Quien nada tiene, nada teme; quién nada espera nunca desespera. Respire hondo pensando en todo lo que le pasa y exhale echando eso mismo para afuera, vacíe todo el contenido. Flote. Solo se quiebran los cuerpos rígidos, aquellos que flotan son indestructibles. De hambre no ha muerto nadie, tampoco de amor.

      La Depresión solo ataca a quién camina en las cumbres y repentinamente cae al valle. Quien decide transitar solamente el valle no encontrará ninguna depresión en el terreno. Olvide las cumbres, camine por el llano. Ignore a quienes lo ven desde la altura de ésas cumbres caprichosas, mire el mundo de gente que camina con usted en la quietud de la tierra lisa y llana. Al fin y al cabo lo importante es caminar, porque así, algún momento, puede retomarse el sendero que lleva a las alturas.

      ¿Qué es aquello que sí se debe detener?: El Arrepentimiento. ¡No se arrepienta de nada de lo que ha hecho, absolutamente de nada! Pudo haber cometido errores, puede ser objetivamente culpable de muchas cosas, pero arrepentirse de ellas el momento de mayor desesperación, no sirve para nada. No sirve en lo más mínimo. En realidad es lo ÚNICO que no sirve, de todo lo demás algo bueno puede resultar, del arrepentimiento NADA.

      En los momentos de mayor desesperación el único tiempo que se tiene es el Presente, el hoy. Eventualmente el mañana llegará y exigirá acciones y actitudes específicas, pero el Pasado es algo a lo que no se tiene acceso. Nada que se haga hoy o mañana podrá cambiar lo que se hizo ayer, por mucho que exista la tentación de dirigir la aritmética de ésa manera.

      El Pasado es inaccesible, por eso el Arrepentimiento es vano, absurdo, inútil. Quién se sienta inclinado u obligado a hacerlo que pida perdón, capitalice la experiencia, cambie su forma de pensar o modifique el curso de su vida. Para todo esto el Pasado juega en positivo, pero para nada más. Alterarse, deprimirse, molestarse por lo que a uno le está sucediendo tiene sentido y, en su caso, justificación, hacerlo por algo que se hizo en el pasado es absolutamente grotesco mientras no exista algún artilugio que nos permita viajar en el tiempo.

      Segunda Emoción.

      Sirve mucho identificar a alguna persona que formó parte importante de nuestras vidas y que hoy no se encuentra con nosotros: padres, abuelos, hermanos, maestros, hijos, amigos. Alguien cuyo impacto en nuestras vidas fue significativo, alguien que nos quiso mucho y confió en nosotros. Ésa es la persona que tenemos que traer (figurativamente) a nuestras vidas en los momentos de mayor desesperación.
      ¿Qué pensaría ésa persona de nuestra situación actual, de nuestra tentación de rendirnos o acogernos a la derrota?
      ¿Qué nos diría ahora?

      No tenemos la ventura de tenerlo físicamente con nosotros en este momento, pero podemos acogernos a la bendición que representa su recuerdo: sus palabras, sus consejos, su cariño y sobretodo la confianza que siempre tuvo en nuestro futuro.

      Ésa persona vio sobre nuestras cabezas una estrella de luz que nunca menguaría, seguramente visualizó los problemas y los pesares que a todos acontecen en la vida, pero no nos vio rendirnos nunca, no nos imaginó abandonando la lucha.

      ¡Esa persona tuvo razón apreciando nuestro destino!, porque nos conocía, porque sabía cuál era nuestra capacidad y porque su cariño le impedía visualizar otro sino. Ésa persona hoy no está más, ¡y bendito hecho que así sea!, porque si formara parte de los desasosiegos que hoy tenemos, no se diferenciaría de todos los demás que nos rodean. Más al no estar, representa aquello que debimos ser y lo que podemos y tenemos que ser en su memoria.

      ¡Rinda homenaje al recuerdo de ésa persona y siga dando pasos hacia adelante!, uno a la vez, despacio, con calma, con dolor. El tiempo no importa, lo único necesario es no detenerse o dirigirse hacia la puerta posterior.

      Mañana será otro día

      Soy consciente que poco ayudan las palabras en los momentos de mayor desesperación, conozco el dolor y la fatiga de ésos instantes interminables, el inmenso poder que toma de rehén la consciencia y la reflexión, que captura el orgullo, la fuerza, el amor propio, la inteligencia. Ésa sensación que debe ser parecida a la sed que nunca se sacia, ése peso que dobla la cerviz a pesar de toda buena actitud y de cualquier razonamiento.

      En los momentos de mayor desesperación me sirven poco las palabras. Doblo rodillas y me entrego, en grito humilde y libre llanto a aquél en quién Creo. Pero éste soy yo y ésta es mi Fe. De corazón desearía que el caso de todos fuera el mismo, pero eso no se halla a mi alcance ni constituye mi objetivo. Reconozco, sin embargo, que el espíritu humano posee inmensos reservorios de fortaleza para todos, y es posible acudir a ellos, aún en los momentos de mayor oscuridad.

      Me tomo el atrevimiento de proponer una sola frase que siempre llega como ayuda en el momento de mayor desesperación, una sola, una que me ayuda a dar un paso más y no detenerme, una que de igual forma expone su Poder cuando la Vida ofrece un rostro más generoso:

      “Mañana será otro día”

      Esta es una verdad que tiene el tamaño del Universo en los momentos de mayor desesperación. Y probablemente sea así por algo muy simple: ¡es Verdad! Mañana será otro día, y vale la pena darle una oportunidad.

      Escrito por Carlos Nava Condarco
      12 noviembre 2015
      Asesor y Escritor en Estrategia de Negocios, Apoyo a Emprendedores y Desarrollo Personal. www.elstrategos.com

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      Datos del autor.

      Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.
      Universidad Católica Boliviana.
      Bolivia.
      Es autor de los libros “El STRATEGOS y 23 Principios Estratégicos para la lucha en el Mercado. Aclaraciones indispensables de los conceptos de Estrategia, Negocio y Competencia”.
      El STRATEGOS y la Estrategia de Ventas. Cómo plantear y ejecutar la Estrategia para la lucha en el Mercado
      WEB: www.elstrategos.com
      Facebook: Carlos Nava Condarco – El Strategos
      Twitter: @NavaCondarco
      https://www.linkedin.com/in/carlosnavacondarco/


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        Picture of Manuel Aviles Perez
        by Manuel Aviles Perez - Saturday, 20 June 2020, 9:07 AM
        Anyone in the world

        según el filósofo Byung-Chul Han.

        “La sociedad del cansancio” es uno de esos libros que debemos leer, sí o sí. Escrito por el filósofo surcoreano afincado en Alemania Byung-Chul Han, presenta una visión alternativa e interesante de la sociedad en que vivimos para ayudarnos a bucear en nuestro interior y descubrir esos lazos apenas perceptibles pero muy fuertes que nos atan, dictan muchas de nuestras decisiones y, al final, determinan nuestra vida.

        ¿Cómo el exceso de positividad nos esclaviza?

        Cada época y sociedad tiene sus propios patrones de pensamiento, que inculca a sus miembros con letra de fuego. No podemos escapar a ellos. A menos que hagamos un ejercicio consciente de análisis y reflexión nos determinarán durante toda la vida porque se han convertido en los márgenes que limitan nuestro pensamiento, fuera del cual ni siquiera concebimos posible la realidad.

        Nos ha tocado vivir en la sociedad del “Yes, you can”, una sociedad que afirma que todos podemos llegar hasta donde nos propongamos solo con esforzarnos. Vivimos en una época en la que la Psicología Positiva se ha popularizado y tergiversado, limitándose a una serie de frases motivadoras sin mucha sustancia que transmiten un mensaje claro: “¡Tú puedes!”.

        Han indica que “la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya ‘sujetos de obediencia’, sino ‘sujetos de rendimiento’. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos”.

        Ese cambio, que aparentemente empodera y resulta liberador, en realidad se convierte en un boomerang que no tarda en golpearnos con toda su fuerza porque esconde un gran riesgo psicológico del que no somos conscientes.

        La violencia de la sociedad sobre sus miembros no ha desaparecido, sino que se ha camuflado y ahora se basa en la autoexplotación del sujeto: “Ésta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es el mismo explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autoreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa, de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia […] En esta sociedad de la obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados”.

        Básicamente, nuestra sociedad sería el perfeccionamiento de las sociedades disciplinarias y controladoras del pasado, pero en realidad no implica más libertad, sino que sigue ejerciendo su poder sobre cada persona a través de la introyección del “deber”. Esa situación nos convierte en esclavos de la superproducción, el superrendimiento (laboral, lúdico y sexual) o la supercomunicación.

        El cansancio del “yo”

        El ejemplo más emblemático de los problemas que causa esa presión social por el rendimiento es la depresión. Este filósofo piensa que “en realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna. 

        “El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima […] La depresión se desata en el momento en el que el sujeto de rendimiento ya no puede ‘poder más’ […] El deprimido está cansado del esfuerzo de devenir él mismo”.

        El problema es que “no-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión”. Cuando nos damos cuenta de que no podemos lograr todo lo que nos proponemos nos sentimos frustrados, pero no pensamos que la sociedad nos ha engañado sino que nos autoinculpamos, sintiendo que somos incapaces.

        No comprendemos que hemos caído en la trampa de la que nos alertaba Zygmunt Bauman: buscar soluciones biográficas a lo que son problemas estructurales y sistémicos de la sociedad. Así se cierra a nuestro alrededor un círculo de insatisfacción que, si no estamos atentos, podríamos arrastrar por toda la vida.

        ¿Cómo salir de ese círculo vicioso?

        Han da una pista en “La sociedad del cansancio”: “La sociedad de rendimiento está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje […] El exceso de positividad se manifiesta como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos”.

        Por tanto, una de las claves para salir de ese círculo vicioso es la “inmersión contemplativa”, hacer un alto en nuestra obsesión con la productividad y los logros personales para dejar paso al dolce fare niente, al aburrimiento y a la plena presencia. No se trata de descansar para ser más productivos sino descansar por el simple placer que ello genera. Se trata de reconectar con lo esencial, de aprender a disfrutar más y exigirnos menos. Se trata de no olvidar que “El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma”.

        Fuente https://rinconpsicologia.com/la-sociedad-del-cansancio-byung-chul-han/


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          by Manuel Aviles Perez - Thursday, 11 June 2020, 5:44 PM
          Anyone in the world

          Por Carlos Antorán.

          Los hombres no son prisioneros del destino, sino prisioneros de su propia mente. —Franklin D. Roosevelt.

          Desde hace muchos meses vengo aprendiendo, desarrollando y experimentando una serie de estrategias mentales para trabajar mi bienestar, mejorar mi capacidad de concentración, ejercitar mi resiliencia, crear recursos para lidiar con éxito los momentos de más alta exigencia y de esta manera, mejorar mi rendimiento, sentirme mejor, aumentar mi sensación de calma con la que vivir de manera más equilibrada y poder así, hacer frente a mis compromisos de manera más eficiente y fluida.

          Este hábito de trabajar la mente de la misma manera que ejercitamos nuestro cuerpo para permanecer más resistentes y con una mejor salud, es el gran olvidado. Lograr una salud completa que te permita rendir al máximo con las mejores sensaciones de plenitud, felicidad, buena salud y energía requiere de un compromiso por tu parte de trabajar en un todo que incluye la parte física (ejercicio y alimentación) y la parte mental (mindfulness o meditación, experimentación, desarrollo y aprendizaje). No es fácil, ni rápido.

          Para la primera tienes infinidad de posibilidades de desarrollarte. Para la segunda también, pero quizá por desconocimiento, ignorancia, miedo o cualquier otra razón que se te ocurra, no está tan arraigada.

          FITNESS MENTAL

          El fitness mental —seguir rutinas y prácticas mentales adecuadas— constante y continuado, creará un impacto positivo brutal en tu vida y en consecuencia en la vida de los que te rodean. Los beneficios de practicar meditación, mindfulness, yoga y otras disciplinas similares están acreditados científicamente de manera más que suficiente como para que deban formar parte de los hábitos diarios de las personas que quieren lograr una mejor calidad de vida, reducción de estrés y mantenimiento —o restablecimiento— del equilibrio mental y emocional.

          Entrenas a tu cerebro a ser más consciente y mejoras tu concentración con el beneficio a nivel global que esto supone. Haces trabajar tu mente para conseguir unos resultados que redundan en tu rendimiento personal y profesional, y obtienes unas cualidades mentales que te ayudan a salir adelante con eficacia en la gran mayoría de las situaciones a las que te enfrentas. Eres más capaz.

          No solo eso, una correcta rutina de ejercicios mentales te permite estar más despejado, mejorar tu concentración, creatividad y ser más resolutivo en cualquier ámbito. ¿No es eso lo que queremos todos? ¿Por qué no ver si es verdad?

          LA PRÁCTICA
          Para hablar de estos beneficios me baso no solo en estudios como éste, si no en algo muy importante para mí: Mi propia experiencia. Tras más de seis meses de práctica continuada —aunque menos profunda de lo deseado— de mindfulness, y con tan solo 10 minutos al día, he visto como ha mejorado mi estado mental y personal de una manera casi mágica —pese a mi desconfianza por ignorancia inicial—. Es más, ya noté esa mejora a los 5 días de haber comenzado la práctica; algo realmente impresionante en mi caso. Desde entonces me encuentro más fuerte mentalmente y con mucha más confianza para enfrentarme a cualquier situación que acontezca.

          No solo gracias a la meditación mindfulness diaria sino a las diferentes rutinas y hábitos mentales que he ido implementando en mi día a día a lo largo de muchos años, he conseguido mejorar terriblemente mi estado de calma y concentración y he generado poderosos recursos personales.

          Esto no quiere decir que ya no tengo momentos de estrés ya sea en el trabajo o en mi vida personal o que tú ya no vayas a volver a tener altos niveles de tensión, dependerá de muchos factores, ya que esto es inherente a la vida misma.

          No podemos hacer desaparecer estas sensaciones, es imposible, forman parte de nosotros, pero sí que estas prácticas te serán de gran ayuda ya que serás más resistente ante estos momentos y en consecuencia tus niveles serán mucho más bajos.

          Estas son algunas de las rutinas que he adquirido y que pueden impactar directa y positivamente en tu calidad de vida también:

          1. Miniparadas Mentales Periódicas. Se trata de descansos cortos de inactividad total durante un par de minutos varias veces durante la jornada. Son muy útiles para ayudar a descansar y no saturar. De manera periódica, para toda la actividad y durante uno o dos minutos simplemente no hagas nada. Descansa. Cualquier pensamiento que venga a la cabeza acéptalo y déjalo pasar, cuando pasen esos minutos vuelve a la tarea que estabas realizando. Ayuda a no sobrecargar y a recoger pequeñas dosis de energía a lo largo del día.

          2. 10 minutos de Meditación Zen. El superhábito que ha supuesto un cambio sustancial en mi cuerpo y mente. La práctica de tan solo pocos minutos de mindfulness, en este caso en forma de meditación Zen o Vipassana, centrando tu atención en un punto, tu respiración por ejemplo, sin intentar cambiar nada ni juzgar pensamientos, sensaciones o emociones. Solo concentrarse en un punto.

          3. Escaneo Corporal Micro. Es otra de las técnicas utilizadas en mindfulness. El escaneo corporal consiste en recorrer mentalmente cada zona de tu cuerpo observando las sensaciones, solo observando sin intentar ejercer ninguna influencia en lo que estás notando y sin desear que nada sea diferente. Esos microescaneos que propongo, de dos o tres minutos y centrándose solo en una parte de tu cuerpo —el escaneo corporal que te indica la práctica de mindfulness consiste en pasar por todas las zonas de tu cuerpo— sirven como desconexión rápida en un momento dado para reconectar contigo y volver al presente en momentos de tensión, saturación mental o simplemente para darle un descanso a tu cerebro.

          4. Respiración Profunda. Prueba esto: Cuando te sientas abrumado o simplemente para desconectar o solo porque le vas a dar a tu cuerpo un ‘chute’ de energía, toma aire profundamente y expúlsalo lentamente concentrándote en la inspiración y en la espiración, recuerda hacer una pequeña pausa después de la inspiración antes de expulsar todo el aire de tus pulmones. Hazlo 5 veces y ponte en marcha de nuevo. Oxigenarás tu cuerpo y te sentirás mucho mejor al terminar.

          5. Caminar Conscientemente. Cuantas veces habrás llegado a un sitio sin recordar ni el más mínimo detalle de por dónde has pasado, absorto en tus pensamientos y recogido en tus emociones. El ser consciente mientras caminas, de cada paso, del viento, de la temperatura, de los edificios, de la gente con la que te cruzas. Es una manera de caminar consciente y enseñarle a tu mente a concentrarse más en la acción y menos en tus pensamientos. Te genera un estado de calma y bienestar magnífico.

          6. No Lucha. Una rutina que una vez que la he comprendido y he conseguido llevarla a cabo de manera satisfactoria, no me ha traído más que beneficios instantáneos. Califico la no lucha como un super-hábito altamente impactante. El permanecer impasivo y observante ante los pensamientos que te generan malestar es algo francamente difícil. Puedes aprender, practicando la no-lucha, a que esos pensamientos o sensaciones que te generan estrés, ansiedad, miedo, rechazo, ira, queja o malestar dejen de afectarte de manera negativa para pasar a a ser simplemente pensamientos. Debes observarlos como son, simples pensamientos y nada más. No tienes que luchar contra ellos ni querer hacerlos desaparecer, eso es imposible. Obsérvalos sin juzgar, hazlos neutros y desaparecerán o no, pero no serán poderosos y no tomarán el control, tú lo harás.

          7. Detox Mental. Acabo de terminar hace unas semanas una práctica de 10 días de Detox Mental que realizo periódicamente —pero menos de lo que me gustaría— y que me sirve para hacer descansar mi cerebro de la cantidad de información que recibimos diariamente y, de este modo, evitar la saturación mental. Cada día estamos bombardeados por una gran cantidad de información que nuestro cerebro tiene que procesar: trabajo, informes, lecturas, internet, redes sociales, lecturas, periódicos, you tube, televisión, revistas, blogs, música, tareas y responsabilidades familiares y personales, etc. En cierta manera anhelamos esas vacaciones donde desconectar de todo y dejar que nuestra mente descanse. Pero quizá estar esperando esas merecidas vacaciones no hace más que acrecentar nuestro nivel de estrés. El realizar pequeñas desconexiones a lo largo de todo el año te pueden proporcionar un nivel de energía constante a lo largo de todo el año y así rendir de manera adecuada todo el tiempo. Evitas también saturaciones y consigues unas vacaciones mentales sin necesidad de ir al caribe. ¿Te apuntas?

          EMPIEZA

          Que la falta de tiempo no sea la excusa para no practicar o comenzar algún tipo de rutina o ejercicio mental para elevar tu bienestar a otro nivel. No se trata de si eres más o menos espiritual, esto no tiene que nada que ver con creencias religiosas o de otro tipo.

          Esto tiene que ver con el estilo de vida que quieres adquirir para vivir a un nivel superior al que tienes ahora. Se trata de sentirte mejor por ti y para ti.

          Vivir con la más alta calidad de vida es posible y alcanzar un rendimiento personal y profesional óptimo que te permita vivir más —no solo en sentido temporal sino de amplitud—  y sobre todo mejor, está al alcance de tu mano estableciendo entre tus rutinas vitales nuevos hábitos saludables y que impactan de manera notable en tu experiencia vital —Superhábitos—, como pueden ser rutinas de fitness mental que ejerciten tu cerebro; así como eliminar las malas prácticas mentales que te llevan por camino contrario.

          Fuente: http://www.carlosantoran.com/2018/04/rutinas-mentales-de-alto-impacto.html


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            Anyone in the world


            por Luis Gerardo González

            “No te presiones esperando que todo salga perfecto, al contrario, está bien equivocarse, está bien ser humano, está bien no estar bien”.

            Afrontar los desafíos que trajo consigo la pandemia del COVID-19 puede ser abrumador. Tratar de lidiar con el confinamiento, el estrés y la ansiedad que esto provoca. Más aún, cuando en medio del caos intentas cumplir con tus responsabilidades del día a día, como es trabajar o estudiar, cuidar de tus hijos, de su educación o simplemente cuidar de las personas que dependen de ti. Estamos viviendo una especie de ‘trauma colectivo’. Es importante comprender que por más que tratemos de “normalizar la situación” está bien no estar bien, reconociendo nuestros sentimientos sin minimizarlos. Así lo explicó el profesor Luis Gerardo González en nuestro webinar del mes de abril “Navegando la pandemia.

            En esta sesión en línea, Luis Gerardo nos compartió recursos para enfrentar los impactos significativos que genera la pandemia. Explicó que la construcción de un modelo mental que nos permita comprender lo que está sucediendo, no es nada sencillo. La razón es que, si bien, como humanidad hemos sido testigos de eventos catastróficos en épocas recientes como: huracanes, terremotos, guerras, incendios, etc., cuyos efectos son visibles, por ejemplo, en edificios destruidos, personas que han perdido sus hogares, ciudades completas bajo el agua, miles de hectáreas de bosque y selva afectadas, etc., en esta ocasión es distinto, con la pandemia nos enfrentamos a un “enemigo invisible” el COVID-19, lo cual hace más difícil que nuestro cerebro asimile la situación de emergencia.

            Le preguntamos a la audiencia que nos acompañó ese día en el webinar ¿Qué es lo primero que harás cuando concluya el confinamiento?. Estas fueron algunas de las respuestas:

            “Abrazar a mis padres y amigos”, “aprovechar la vida al máximo”, “retomar con alegría mi vida y el trabajo”, “ser feliz”, “salir a caminar por la naturaleza”, “seguir estudiando para graduarme”, “ver a la gente feliz de reunirse con sus seres queridos”, “viajar”, “ser mejor maestra, empática, innovadora y organizada”, “buscar oportunidades de negocio”, “valorar más lo momentos y las personas”, “intentar retomar mi rutina”, “abrazar más”.

            ¿Qué podemos hacer para navegar la pandemia?

            A continuación, te comparto las recomendaciones del profesor Luis Gerardo para navegar la pandemia y con ello, elaborar un plan de acción personal. La siguientes son solo algunas herramientas. En el video de este webinar podrás consultar todas las herramientas e informarte más a fondo sobre cada estrategia. Te compartimos la presentación que utilizó el profesor en la sesión para que la puedas consultar.

            Recomendaciones para navegar la pandemia

            • Establece rutinas. Define un horario y momentos para hacer las cosas. Esto genera una sensación de ‘normalidad’ en medio del caos que vivimos, esta sensación de ‘control’ tranquiliza al cerebro y le sirve como antídoto frente al miedo derivado de nuestra incapacidad de controlar el ambiente.

            • Busca un balance en tus actividades. Más que decidir qué actividades hacer o qué dejar de hacer y cuánto tiempo dedicar, te debes preguntar, ¿cómo te hace sentir eso que estás haciendo? y ¿qué podría ayudarte a sentirte mejor? para así tener un balance que te genere bienestar.

            • Cuida tus pensamientos. No alimentes tu cerebro con una sobreexposición a los medios de comunicación. Esto evitará que se disparen pensamientos estresantes, catastróficos o pensamientos anticipatorios preocupantes que te lleven a un estado de estrés.

            • Sin negar lo negativo… encuentra algo positivo. Identifica qué cosas positivas puedes resaltar de todo esto que estamos viviendo, por ejemplo: la vida en familia, la recuperación de la naturaleza, las plataformas de educación virtual que nos permiten tener una comunicación constante con tus cercanos o conocidos.

            • Permanece en el aquí y el ahora. No busques resolver los problemas de la humanidad en tres o seis meses, más bien ocúpate de lo que sí está en tus manos en este momento.

            • Ejercita la gratitud. Encuentra todos los días algo que agradecer y qué apreciar, sobre lo que estás viviendo.

            • Ve pocas noticias (así como lo leíste). La sobreinformación puede llevar a preocupaciones innecesarias. Busca fuentes de información confiables y modera el consumo. No veas noticias antes de dormir.

            • Comunícate de manera constructiva y compasiva. Aprovecha esta convivencia intensiva con tu familia para darte cuenta de que tiene sus retos, pero también sus gozos. Es una oportunidad para construir juntos una relación más fuerte.

            • Respeta la vivencia del otro. No todos tenemos los mismos ‘recursos’ para asimilar y comprender lo que está pasando. La pandemia es una oportunidad de ser empáticos con los demás, ser compasivos y servir de apoyo a otras personas.

            • Honra el servicio que estás dando. Poder ayudar a otras personas con tu trabajo mientras estas viviendo tú también una situación de estrés o de miedo, es una tarea noble. No dejes de valorar lo que estás haciendo y para qué lo estás haciendo.

            Vivimos un momento histórico para la humanidad. Si alguien nos hubiese anticipado que el mundo se detendría, no lo hubiéramos creído. Pero aquí estamos, llenos de preguntas e incertidumbre porque nadie sabe qué pasará. Lo que sí sabemos es que hacemos lo mejor que podemos para adaptarnos a esta nueva realidad y sobrellevarlo de la mejor manera. Es tiempo de ser empáticos y solidarios, no pierdas la oportunidad de serlo tú también. ¡Juntos saldremos adelante!

            Luis Gerardo González, es profesor del departamento de Gestión y Liderazgo de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey. Fue galardonado como Profesor Inspirador 2018. Actualmente es líder del equipo de diseño de la carrera de Desarrollo de Talento y Cultura Organizacional.

            Fuente https://observatorio.tec.mx/edu-news/navegando-la-pandemia-estrategias-para-lidiar-covid19


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              Anyone in the world


              Por Angel Chernoff

              ¿Qué puedo empezar a hacer hoy para hacer que mi vida sea más feliz y gratificante?

              Esta es la pregunta más común que los lectores nos hacen por email, Facebook y Twitter. Así que hoy excavé en nuestros archivos y se formó una lista con doce maneras sencillas y factibles para mejorar tu bienestar diario.

              Empieza hoy a

              1. Sonreír. – Sonreír es una elección, no un milagro. No esperes a que la gente sonría. Muéstrales cómo. Una sonrisa genuina te hace sentir, a ti y a todos a tu alrededor, mejor. El simple acto de sonreír le envía el mensaje a tu cerebro de que estás feliz. Y cuando estás feliz, tu cuerpo bombea un montón de endorfinas. Esta reacción ha sido estudiada y probada desde los años 1980’s muchas veces. En pocas palabras: Sonreír te hace más feliz.

              2. Tratar a todos con amabilidad y respeto. – Sí, trata a todos con amabilidad y respeto, incluso a aquellos que son groseros contigo; no porque sean amables, sino porque tú lo eres. No hay cercos ni clases que definan grupos de personas que merezcan ser respetadas. Trata a todos con el mismo nivel de respeto que le darías a tu abuelo y el mismo nivel de paciencia que le tendrías a tu hermanito. La gente notará tu gentileza.

              3. Realizar un acto desinteresado. – En la vida, obtienes lo que das. Cuando generas un impacto positivo en la vida de alguien más, también generas un impacto positivo en la tuya. Haz algo que sea más grande que tú, algo que ayude a alguien a ser más feliz o sufrir menos. Te lo prometo, será una experiencia muy gratificante. Una que probablemente recordarás por siempre.

              4. Evitar el drama innecesario y a quienes lo crean. – Nunca crees drama innecesariamente, y no te rodees de personas que lo creen. Elige pasar el tiempo con personas de las que estés orgulloso de conocer, personas que admires, que ames y respetes; personas que hagan tu día un poco más brillante, simplemente por estar en él. No te alejes de las personas negativas, ¡CORRE! La vida es demasiado corta como para pasarlo con personas que te chupan la felicidad.

              5. Pensar en el lado positivo. – Deja de tenerle miedo a lo que podría salir mal, y empieza a pensar en lo que podría salir bien. Mejor aún, piensa en todo lo que ya está bien. Sé agradecido por las noches que se convirtieron en mañanas, por los amigos que se convirtieron en familia, y por los sueños y metas que se convirtieron en realidad. Y usa esta positividad para alimentar un futuro aún más brillante.

              6. Inyectar un poco de amor al mundo que te rodea. – Ama lo que estás haciendo, hasta que puedas hacer lo que amas. Ama donde estás, hasta que puedas estar donde amas. Ama a las personas con las que estás, hasta que puedas estar con las personas que más amas. Esta es la forma en que encontramos la felicidad.

              7. Tomar acciones decisivas e inmediatas en algo que necesitas hacer. – No importa si tienes el IQ de un genio y un doctorado en física cuántica, no puedes cambiar nada ni progresar en el mundo real si no tomas acción. Hay una gran diferencia entre saber cómo hacer algo y hacerlo realmente. El conocimiento y la inteligencia son inútiles sin acción. Es así de simple.

              8. Seguir tu intuición al tomar las decisiones. – Seguir tu intuición significa hacer lo que sientes que es correcto, incluso si no se ve o suena bien para los demás. Sólo el tiempo lo dirá, pero nuestros instintos humanos rara vez están equivocados. Así que no te preocupes por lo que piensen los demás, y sigue viviendo y diciendo tu verdad. Las únicas personas que se enojarán contigo por hacerlo son las que están conformes con vivir una mentira.

              9. Dedicar tu tiempo a trabajar en algo en lo que creas – Nunca aplaces o renuncies a una meta que sea importante para ti. No porque todavía tengas un mañana para empezar o volver a intentarlo, sino porque puede que no tengas ningún mañana. La vida es más corta de lo que a veces parece. Sigue a tu corazón hoy.

              10. Conocer a alguien nuevo. – La mayoría de los seres humanos tienen la costumbre de estancarse en un pequeño círculo de amigos, pero no nos ayuda a crecer. Sal y conoce gente nueva. Te sorprenderán las lecciones que te enseñarán y las nuevas oportunidades que inyectarán en tu vida.

              11. Hacer ejercicio y comer sano. – Cuidar tu cuerpo es crucial para ser la persona más feliz que puedes ser. Si no tienes tu energía física en buena forma, entonces tu energía mental (tu enfoque), tu energía emocional (tus sentimientos), y tu energía espiritual (tu propósito) se verán todas negativamente afectadas. Aquellos que ejercitan, tienen mayor sentido de auto-realización y auto-estima.

              12. Ser un estudiante de la vida. – Experiméntala, aprende de ella, y absorbe todo el conocimiento que puedas. Prepárate para la grandeza manteniendo tu mente acondicionada con nuevos conocimientos y nuevos retos. Recuerda, si te mantienes preparado, no tienes que prepararte cuando las grandes oportunidades se presenten.

              Fuente: https://escuelapararicos.net/12-cosas-sorprendentemente-alcanzables-que-puedes-hacer-hoy/


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                Picture of Manuel Aviles Perez
                by Manuel Aviles Perez - Thursday, 11 June 2020, 5:33 PM
                Anyone in the world


                Por Jaime Bacás.

                Algunos tienen dificultad para distinguir entre vivencia y experiencia.

                Vivencia es lo que te ha sucedido… lo que has vivido. Experiencia es lo que has aprendido de esa vivencia.

                Algunas personas tienen muchas vivencias y, paradójicamente, pocas experiencias. Sólo ganas experiencia de una vivencia cuando identificas, analizas, concluyes y, sobre todo, modificas algo en tu forma de “ser”.

                A veces la experiencia te sirve para generar un cambio profundo, como una modificación de tu mentalidad o creencias. Otras para cambios livianos, como una modificación de conducta.

                A pesar de lo que algunos creen, estás cambiando a cada momento. A veces más deprisa y otras más despacio. Lo único cierto es que siempre estás cambiando.

                El “mundo” cambia cada vez más deprisa

                Es una frase que todos decimos algunas veces. Pero ¿qué es el mundo sino la conjunción de todas las experiencias de todos nosotros?

                Para poder “adaptarte” a este mundo cambiante necesitas estar cambiando continuamente y al ritmo adecuado para no quedarte atrás. Los valores prevalentes cambian lenta pero continuamente y, por tanto, las conductas.

                La mayor parte del tiempo no somos conscientes de ese cambio, de la misma forma que no nos damos cuenta de que cada día somos más viejos. Como todos los días te miras en el espejo para peinarte o lavarte los dientes no te das cuenta de que también cambias por fuera.

                Sólo cuando miras tus fotos de hace diez, veinte o treinta años, te dices ¡qué cambiado estoy!

                Este fin de semana dediqué una parte de mi atención a revisitar mis álbumes de fotos. Hacía unos cuantos años que no lo hacía.

                Al final me quedé reflexionando sobre los cambios físicos e internos que debió experimentar el tipo que aparecía en la mayoría de ellas. Me esforcé en dibujar el sendero por el que había transcurrido su vida, hasta hoy, y me pregunté por los escenarios en los que aparecía y sus compañías… Cuando terminé ese ejercicio, me atreví a hacer otro…

                Ejercicio del álbum de fotos

                Te invito a realizar el siguiente ejercicio, que tiene dos partes.

                En la primera escoge y encuentra un momento de tranquilidad para ver tus fotos del pasado. Puedes hacer este ejercicio sólo o acompañado con tus familiares o amigos. Revive los momentos que capturaron esas imágenes. Esfuérzate para colocarte en esos momentos de tu vida, tal como “eras” entonces y pregúntate ¿cuáles eran, en cada uno de esos momentos, mis valores, intereses,  hábitos…?

                Reflexiona sobre cómo han ido evolucionando. Algunos se habrán mantenido, otros se habrán modificado ligeramente y otros profundamente. Evalúalos, es decir, enjuicia el valor (positivo y negativo) que te han aportado para llegar a ser la persona que “eres” ahora.

                Pregúntate si esta persona es la que querías ser – como padre, amiga, profesional, compañera, hijo, vecina, hermano, jefa… – y, también, si esta persona es la que tú habías planeado o el resultado del “azar de la vida”.

                Esta es la parte más sencilla. Sólo necesitas ser honesto contigo mismo. No merece la pena mentir, porque te mentirías a ti mismo.

                En la segunda parte del ejercicio vas a “construir el álbum de fotos que querrías ver dentro de medio, cinco, diez o treinta años”. Sí, esta segunda parte ya no es tan fácil.

                Se trata, como imaginas, de que “diseñes” la persona que quieres “ser” para que, cuando haya transcurrido ese período de tu vida, puedas sentir satisfacción contemplando “tu obra”.

                Lo pasado, pasado está. Pero el futuro te pertenece. Tú posees la capacidad y el poder para llegar a ser cualquier cosa que te propongas.

                “Tú posees la capacidad y el poder para llegar a ser cualquier cosa que te propongas”

                Compartir frase

                Puedes elegir entre ser el “autor” de tu vida o el “actor” de una vida que otros escribirán para ti.

                Compromiso

                Mi recomendación es que elijas ser el guionista, director, productor y actor protagonista de tu propia vida. Para ello sólo necesitas una cosa: compromiso.

                La mayoría de las personas no viven la vida que realmente quieren porque les falta “comprometerse con su vida”. El compromiso requiere aceptar responsabilidad – un bien escaso en un mundo repleto de victimismo.

                Compromiso significa promesa. Elige lo que quieres para ti y prométete que harás lo que sea necesario para conseguirlo. Es así de simple y difícil. La clave es que no te traiciones. Que no te “vendas” a la enorme cantidad de ofertas que recibirás en tu camino. Pide ayuda cuando tengas dudas o el obstáculo sea grande.

                Tienes el derecho y el poder de vivir la vida que quieres

                Aprende continuamente de tus vivencias para convertirlas en experiencias. No dejes pasar un día sin extraer alguna experiencia de tus vivencias. Sacrifica un poco de televisión o facebook para reflexionar 18 minutos cada día y, así, extraer un aprendizaje y lo que es aún más importante: “hacer algo” con ese aprendizaje, es decir, “cambiar” mañana algo de lo que piensas y haces.

                Fuente https://escuelapararicos.net/18-minutos-que-cambiaran-tu-vida/


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                  Anyone in the world

                  por Andrea Churba

                  La reflexión estratégica saca de la inercia y permite autoliderarse y liderar a otros hacia los resultados que se buscan.

                  Muchas veces nos sentimos atrapados por lo operativo. Vivimos al día, apagando incendios, resolviendo para el corto plazo. Para ser más estratégicos, necesitamos parar la pelota, levantar la mirada y volver a plantearnos dónde estamos hoy y hacia dónde nos queremos dirigir.Lo que estamos haciendo ahora, ¿nos lleva a ese lugar al que queremos ir o nos aleja?

                  ¿Qué funciona hoy? ¿Qué no está funcionando? ¿Qué maneras de pensar, actitudes, procesos y relaciones están a la altura de lo que necesitamos y cuáles no? ¿Qué cosas, que hoy funcionan, van dejar de hacerlo en el futuro? ¿Cómo nos estamos preparando? Lo que estamos haciendo ahora, ¿nos lleva a ese lugar al que queremos ir o nos aleja?

                  El mapeo en seis pasos es una herramienta que nos impulsa a profundizar en esos interrogantes para decidir estratégicamente, con información de calidad, las acciones más relevantes para alcanzar lo que nos proponemos. Provee un mapa claro del contexto presente, de las necesidades de mejora y de la brecha a salvar. Este modelo puede aplicarse a una variedad de objetivos, ya sea nuestro desarrollo y el de nuestra gente o para implementar procesos de cambio de cualquier envergadura, desde lo más pequeño hasta los grandes proyectos de cambio cultural e innovación.

                  Para liderarnos y liderar a otros hacia los resultados que buscamos, es útil hacernos estas preguntas:

                  1. ¿Qué quiero CAMBIAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy tengo, quiero que sea diferente?
                  • ¿Qué cosas, que hoy no funcionan, necesito cambiar? ¿Qué cosas, que hoy funcionan, van a ser diferentes en el futuro?

                  2. ¿Qué quiero ELIMINAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy tengo, ya no quiero tener más?
                  • ¿Cuáles son los impedimentos y las resistencias que hoy dificultan o me impiden cumplir mis objetivos? ¿Es alguna persona? ¿Es un conflicto entre áreas? ¿Es un hábito disfuncional como, por ejemplo, mi necesidad de estar en todo? ¿Es algún proceso ineficiente? ¿Una regla burocrática y desactualizada?

                  3. ¿Qué quiero MEJORAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy tengo, quiero potenciar?
                  • ¿Qué habilidades quiero desarrollar? ¿Es, por ejemplo, mi capacidad de delegar para que mi equipo sea más autónomo? ¿Qué conductas quiero consolidar y transformar en hábito? ¿Qué vínculos quiero reforzar?

                  4. ¿Qué quiero CONSERVAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy tengo, quiero mantener?
                  • ¿Le estoy poniendo suficiente atención a lo que no quiero que se pierda en medio de los cambios? ¿Cómo puedo garantizar que lo que hoy funciona bien siga haciéndolo? ¿A qué personas talentosas quiero retener? ¿Cómo mantener el buen clima, o los valores que hacen a mi identidad, la de mi equipo y la organización? ¿Cuáles son las actitudes, políticas y procedimientos que fueron exitosos en el pasado y merecen ser preservados a través de los cambios?
                  • Conviene detenernos en esta pregunta, porque si perdemos el foco sobre lo que es importante conservar y no planificamos estrategias para protegerlo, es probable que generemos resistencia en nosotros mismos y en los demás.

                  5. ¿Qué quiero GENERAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy no tengo, quiero tener más?
                  • ¿Qué hábitos quiero establecer? ¿Qué nuevos procesos? ¿Qué nueva estructura? ¿Qué tipo de equipo? ¿Qué relaciones con otras áreas y otros stakeholders? ¿Qué nuevas actitudes y competencias necesito, y necesita mi gente, para estar preparados para el futuro?

                  6. ¿Qué quiero EVITAR?

                  • ¿Qué, de lo que hoy no tengo, no quiero tener?
                  • ¿Qué conflictos quiero eludir? ¿Cómo hago para evitar las quejas? ¿Cómo nos tenemos que preparar desde hoy para que el crecimiento no sea traumático?
                  • Para prevenir los problemas en el futuro necesitamos desarrollar barreras desde hoy.

                  Las respuestas van definiendo el mapa de ruta. Cabe recordar que los planes tienen que ser realistas: no podemos cambiar todo al mismo tiempo. Necesitamos ordenar las prioridades y actuar sobre una cosa por vez, avanzando a pequeños pasos, dándonos el tiempo para profundizar y transformar en hábito lo que vamos logrando.

                  Fuente https://www.buenosnegocios.com/notas/estrategia-negocios/6-preguntas-disenar-estrategicamente-el-rumbo-n3332


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                    Anyone in the world


                    por Francisco Alcaide Hernandez
                    Desde hace varias semanas hay un tema central que domina cualquier ámbito de nuestra vida: el Coronavirus. El Covid-19 ha trastocado la vida de la gente, y el país y el resto del mundo están en estado de shock. Desde hace más de una semana estamos en estado de confinamiento, oficialmente hay otra semana por delante, y ayer se anunciaba que se prolonga dos semanas más (ver Todo lo que necesitas saber sobre el Covid-19Guía para mantenerse sano durante el Covid-19 y Algunas buenas noticias sobre el Coronavirus).
                    Las circunstancias de cada persona son diferentes, pero en cualquier caso, es momento de poner en práctica esa virtud de la que tanto hablamos los que nos dedicamos al desarrollo personal: la resiliencia. Toca seguir remando, toca seguir luchando, porque como decíamos en Instagram: «Ser resiliente no es tener fuerzas para continuar, sino continuar aunque no se tengan fuerzas».

                    En nuestro libro Tu futuro es HOY (Alienta, 6ª edición), dedicamos el Capítulo 22 precisamente a este tema. Por este motivo me gustaría hacer un resumen ampliado aquí por si te puede servir de ayuda a ti o tu entorno. Dice así:
                    «La esencia de la grandeza humana radica en la capacidad de optar por
                    la propia realización personal en circunstancias que otros optan por la locura».
                    WAYNE W. DYER
                    La adversidad, antes o después, toca a las puertas de todas las casas. Nadie se libra. Siempre ha sido así, pero hoy día hay un factor que añade más presión a nuestras vidas: las adversidades son más frecuentes. Todo dura menos: en nuestra vida laboral, en el ámbito empresarial, en las relaciones de pareja. Cada inicio –de lo que sea– parece condenado a terminar. Cada vez habrá más mini–crisis. La conclusión de este análisis es que si las adversidades serán más frecuentes, nuestra capacidad para gestionar esas adversidades será más importante. Y en ello tiene mucho que ver la resiliencia, con la capacidad de estirar la frontera del dolor. La personas más resilientes tienen una ventaja competitiva respecto a las menos resilientes.
                    La palabra resiliencia procede del latín resilere, cuyo significado es rebotar, y se ha utilizado a menudo en el campo de la física para simbolizar la elasticidad de un material, propiedad que le permite absorber energía y deformarse sin romperse, cuando es presionado por otro objeto o fuerza exterior, y seguidamente recobrar su extensión o forma original una vez que cesa dicha presión. Algunos ejemplos de cuerpos con resiliencia son: una cinta elástica, una pelota de goma, un muelle o la caña de bambú que se dobla sin romperse ante el viento para enderezarse de nuevo.
                    Aplicado al ámbito de las personas, el concepto de resiliencia comenzó a construirse en la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando varios investigadores empezaron a seguir de cerca la vida de personas que desde la infancia se habían enfrentado a circunstancias muy adversas –de pobreza, abandono o violencia, entre otras–, y que sorprendentemente crecían con normalidad, demostrando una gran capacidad de adaptación y resistencia. No sólo habían superado esas circunstancias sino que habían salido fortalecido de ellas.
                    Esto nos lleva a preguntarnos la siguiente cuestión: ¿Cuáles son los pilares fundamentales que constituyen la argamasa de la resiliencia y cómo podemos desarrollarla?
                    1. LA IMPORTANCIA DE RELACIONES AFECTIVAS. 
                    Tener un refugio de afecto sólido al que acudir en momentos de temporal, permite solventar mejor las situaciones difíciles. Lo peor es la soledad. Ir sólo por la vida es tremendamente duro, y aunque nadie puede vivir la propia vida, con alguien al lado todo es más llevadero y fácil de soportar. Cuanto más dura es la vida, más importante es el afecto. Compartir una alegría se transforma en doble alegría; compartir una pena en media pena. «En el fondo –como decía Wilhelm Von Humboldt– son las relaciones las que dan sentido a la vida». Las relaciones son una fuente de recursos cognitivos y también emocionales y energéticos. Cuando hay dudas y tristeza, ahí es donde vamos a recuperar el nivel de energía y confianza necesarias para seguir al pie del cañón. Tenemos que sentirnos afortunados respecto a épocas pasadas, ya que hoy día más que nunca gracias a la tecnología, podemos estar cerca de los que están lejos.

                    2. LA IMPORTANCIA DE LA ESPERANZA.
                    Lo peor que le puede pasar a uno es entrar en depresión, la ‘enfermedad de la tristeza’; o dicho en términos coloquiales, la ausencia de futuro, pensar que el mañana será igual que el hoy y el ayer. Y sin futuro no hay presente. El futuro tira de nosotros. Una persona sin ilusiones no vivesobrevive. Está presente de cuerpo pero no en alma. La depresión es un estado de indefensión que conduce a la resignación en el que se pierde el control de la propia vida, o como la catalogase William Styron en La oscuridad invisible, la ‘desesperación más allá de la desesperación’. Por ello, una pieza fundamental de la resiliencia es la esperanza, pero no una esperanza ‘pasiva’ esperando que las cosas cambian por sí solas sino ‘activa’ luchando por salir adelante, sabiendo que las aguas volverán a su cauce. Como decía el escritor Alejandro Dumas: «la esperanza es el mejor médico que conozco». Si hay esperanza en el futuro, hay poder en el presente. No hay que olvidar a nuestro sabio refranero siempre: tras la tempestad, llega la calma; siempre que llueve, escampa; y no hay mal que cien años dure.
                    3. LA IMPORTANCIA DE TENER UN SENTIDO DE VIDA. 
                    Los motivos que tenemos para vivir son esenciales como factores protectores durante los infortunios. Es el argumento central de la obra El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. En aquellas difíciles circunstancias en el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) durante la II Guerra Mundial, la gente que no se suicidaba era porque tenía algún motivo para luchar: hijos, matrimonio o proyecto personal. A veces hay que cambiar el enfoque:  no te preguntes qué quieres de la vida sino qué quiere la vida de ti. Y el sentido de la vida está muy asociado al servicio. La vocación de servicio ayuda a superar el sufrimiento mucho mejor y a ser más felices. Quizás por eso Harold Kushner, autor de Cuando a la gente buena le pasan cosas malas, escribió: «Nuestras almas no están hambrientas de fama, confort, riqueza o poder. Esas recompensas crean casi tantos problemas como resuelven. Nuestras almas están hambrientas de significado, de saber cómo vivir para que el mundo sea por lo menos un poco distinto tras haber pasado nosotros por él».
                    4. LA IMPORTANCIA DE VERBALIZAR EL DOLOR. 
                    Contar nuestros problemas, miedos y fracasos a personas de confianza que saben escuchar reduce la intensidad emocional del dolor. Todos los especialistas lo saben: compartir nuestro dolor supone un gran alivio psicológico. Hablar es muy saludable para soltar lastre. La conversación sana. Cuando uno comparte y es comprendido, se siente mejor. Además, de las conversaciones estimulantes surgen ideas y alternativas que nos pueden ayudar a encontrar salidas a nuestra situación personal. Sobre este tema escribe el doctor Luis Rojas Marcos en su último libro Somos lo que hablamos (Grijalbo, 2019) con subtítulo: el poder terapeútico de hablar y hablarnos.
                    5. LA IMPORTANCIA DE LA INTERPRETACIÓN DEL SUFRIMIENTO.
                    El sufrimiento analizado con distancia es algo necesario para la modulación de la personalidad, clave para la madurez emocional (ver entrevista con Enrique Rojas). Omnia in bonum, reza una máxima: todo ocurre para bien. El propio Viktor Frankl, ejemplo de sufrimiento, decía: «Las circunstancias excepcionalmente adversas otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo». Y también: «El hombre que no pasado por circunstancias adversas, no se conoce bien». Aunque duela y escueza, cada obstáculo es una oportunidad de crecer. Son muchas las voces que destacan como el dolor en el corto plazo se transforma en un gran crecimiento personal en el medio y largo plazo. No consiste en alegrarnos de lo que ocurre, sino de darle un sentido y sacar partido siempre de todo lo que nos ocurre. Decía Blaise Pascal que «la adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubiesen permanecido ocultos». Albert Espinosa, alguien que ha sufrido mucho desde joven, lo expresa bien en esta entrevista: «La capacidad de sufrimiento del ser humano no tiene límites. Vivir o morir no es tan importante como luchar».

                    6. PERMÍTETE SENTIR LO QUE SIENTES.
                    Hace unos días, la psicoterapeuta Anabel González, autora de Lo bueno de tener un mal día, en una entrevista en La Contra decía: «Hay una obsesión por ser felices, pero los malos días siempre van a estar ahí y hay que llevarse bien con ellos». También decía: «Nos sentimos mal por sentirnos mal», ése es el error. Igualmente apuntaba: «Reprimimos las emociones que no sabemos tratar, y no las sabemos tratar porque evitamos exponernos a ellas de manera consciente». La psicóloga Laura Chica en una 

                     (minuto 11 y ss.) con ella también insistía (y a menudo insiste mucho) en este aspecto: «Hay que permitirse sentir lo que uno está sintiendo. Nos generamos un sufrimiento extra al no permitir sentir lo que estamos sintiendo porque se supone que no lo tenemos que sentir. La recuperación emocional es un proceso y negar esa primera parte del proceso es negar el proceso. Hay gente que niega esa parte porque no quiere sufrir. Permitirnos vivir lo que sentimos es parte de la vida y nos recuerda que estamos vivos». No lo olvides, la huida alivia, no cura.

                    7. LA IMPORTANCIA DE UNA AUTOESTIMA SALUDABLE. 
                    Una autoestima favorable no significa que uno se considere invencible o perfecto sino que siente que cuenta con las capacidades y recursos internos (intorno) para hacer frente a las situaciones adversas del exterior (entorno). Una sana autoestima no significa que no se sufra, sino que uno cree en sí mismo y en su fortaleza para superar ese sufrimiento. Con una autoestima robusta, todo es más llevadero: lo bueno y lo malo. El éxito sin autoestima se convierte en soberbia; el fracaso y el dolor sin autoestima deriva en venganza, ira, rabia y otros derivados. Por eso, hay que trabajarse mucho por dentro para estar más fuerte por fuera. Una frase que me gusta mucho dice: «Si un huevo se rompe desde fuera, la vida se termina; si se rompe desde dentro, la vida comienza. Las grandes cosas siempre comienzan desde el interior». En este apartado te recomiendo el libro Autoestima: nuestra fuerza secreta (Vivir mejor, 2011).

                    8. LA IMPORTANCIA DE SABER RELATIVIZAR.
                    En estas circunstancias es esencial ser flexibles y abrazar la incertidumbre y no caer en las quejas, culpas, y lloros infantiles por tener que estar confinados sin salir de casa cuando hay personas que estar perdiendo a sus familiares sin poder despedirse de ellos. Es momento de aprovechar el tiempo para pasar tiempo con nosotros mismos, para adelantar temas, para . . En ello también el humor –lo estamos viendo en estos días con los memes por redes sociales– es un fantástico salvavidas para caminar por la vida y aliviar tensiones. Con humor, todo es más llevadero. Como nos recuerda Jon Pascua (@jpascuaibarrola) en Crónicas de un confinamiento, citando de nuevo a Frankl: «Es sabido que el humor, más que cualquier otra cosa en la existencia humana, proporciona el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque sea un instante». Y que «los intentos por desarrollar un sentido del humor y ver la realidad bajo una luz humorística constituyen una especie de truco que aprendemos en el arte de vivir» (Un ejemplo   con  y su  completa para el canal Aprendemos juntos del BBVA).
                    5 PASOS PRÁCTICOS PARA LA ACCIÓN
                    1. La resiliencia se educa, se desarrolla y se aprende, ya que es un conjunto de habilidades que te permitirán sobreponerte cada vez más rápido de las dificultades. Puedes empezar hoy.
                    2. Busca tu propósito, tu para qué. Tener algo que te mueva en la vida, te hará sobreponerte con mayor facilidad que quien no tiene una razón.
                    3. Analízate. ¿Cuáles son tus fortalezas, ésas sobre las que te apoyas cuando tienes un problema? Potenciándolas y desarrollándolas, equilibrarás mejor la adversidad.
                    4. Cuando tengas una dificultad, un obstáculo, una caída, pregúntate para qué ha ocurrido eso. ¿Qué puedes aprender de ello?
                    5. Crea tu red de apoyo. Cuanto más amplia sea tu red de apoyo percibida (no necesariamente real) más respaldado te puedes sentir, y con mayor fuerza para superar obstáculos y sobreponerte.

                    Es inevitable, para acabar, citar de nuevo al maestro Viktor Frankl: «Al ser humano se le puede arrebatar todo, menos la última de las libertades humanas, la actitud personal ante un conjunto de circunstancias».

                    Por último, aprovecho para recomendarte leer algunos de los personajes realmente inspiradores de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 19ª edición) y Aprendiendo de los mejores 2 (Alienta, 6ª edición) que son casos de superación personal y que nos ayudan a gestionar mejor la adversidad y los momentos difíciles como lo hicieron ellos. Entre otros: Nick Vujicic, Hellen Keller, Gustavo Zerbino, Nelson Mandela, Gandhi o Elisabeth Kübler-Ross, que toda su vida a la dedicó a acompañar a las personas que iban a morir.

                    También otro libro Superar la adversidad: el poder de la resiliencia, del psiquiatra Luis Rojas Marcos, Jefe del Sistema de Sanidad Pública de Nueva York (también durante los atentados del 11-S de 2001) y al que pude entrevistar hace algún tiempo (lee entrevista) y quien me decía: «Lo que más me ha sorprendido del ser humano después de tantos años es la capacidad de superar la adversidad».

                    Para acabar, ayer mismo Eva Collado Durán (@evacolladoduran) publicaba el post La templanza: la mejor aliada de tu marca personal en estos momentos, donde nos habla de cómo abordar lo que estamos viviendo, teniendo muy presente una de las cuatro virtudes cardinales como la templanza.

                    Un abrazo, cuídate. Mucho ánimo.


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